Con la llegada del frío cambiamos rutinas: nos movemos menos, pasamos más tiempo en interiores y, en muchos casos, descuidamos la salud ósea sin darnos cuenta. Sin embargo, el invierno es una etapa clave para cuidar nuestros huesos y articulaciones y prevenir molestias a medio y largo plazo.
¿Por qué el frío afecta a los huesos y articulaciones?
Durante los meses de frío pueden aparecer:
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Mayor rigidez articular
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Molestias en rodillas, caderas o espalda
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Menor exposición al sol
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Disminución de la actividad física
Todo esto puede influir negativamente en la densidad ósea y el bienestar general.
Vitamina D: fundamental en invierno
La vitamina D es esencial para que el cuerpo absorba correctamente el calcio. En invierno, la falta de sol puede provocar un descenso de sus niveles, lo que afecta directamente a la salud de los huesos.
Colágeno: el aliado clave de huesos y articulaciones
El colágeno forma parte de huesos, articulaciones, cartílagos y tejidos conectivos. Con el paso del tiempo y durante los meses de frío, la producción natural de colágeno puede disminuir, afectando a la movilidad y al bienestar articular.
Magnesio: el gran aliado
El magnesio ayuda al funcionamiento muscular y trabaja junto al calcio y la vitamina D, ayudando a prevenir calambres y fatiga.